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jueves, 10 de septiembre de 2026

TUBERCULOSIS Y TRABAJO: LA MIRADA DE LA MEDICINA LABORAL

POR EDGARDO AGUILAR HERNANDEZ. MEDICO SGSST. 2026
Cuando un trabajador llega al consultorio con una tos que ya lleva más de dos semanas, febrícula al caer la tarde y esa fatiga que no cede con el descanso, cualquier médico ocupacional con años de oficio sabe que no puede limitarse a firmar una incapacidad y seguir con la fila de exámenes periódicos. La tuberculosis sigue siendo, cuatro décadas después de que empecé a ejercer, una de esas enfermedades que exige mirar al mismo tiempo al paciente, al puesto de trabajo y a la comunidad que lo rodea. En Colombia, además, es una patología que concentra buena parte de su carga en la población económicamente activa: los reportes epidemiológicos coinciden en que cerca de la mitad de los casos se diagnostican entre los 29 y los 59 años, justo la franja de vida laboral. Eso convierte a la tuberculosis en un asunto que la salud ocupacional no puede seguir tratando como un tema exclusivamente de salud pública ajeno a la empresa.

UN PROBLEMA QUE NO HA CEDIDO

La tuberculosis (TBC) sigue siendo en el siglo XXI uno de los principales problemas de salud pública a escala mundial.  Los datos recientes son un llamado de atención. El Ministerio de Salud y Protección Social viene insistiendo en que Colombia todavía está lejos de las metas de la Estrategia Fin a la Tuberculosis, y por eso adoptó el Plan Nacional para Acelerar la Eliminación de la Tuberculosis 2025-2031, que fija metas progresivas de acceso a pruebas moleculares rápidas: de una línea base cercana al 30 %, se espera llegar al 45 % en 2025, al 60 % en 2026 y a la cobertura universal a partir de 2027. A comienzos de 2026, el Ministerio también adoptó el Plan Nacional de Eliminación y Sostenimiento de la Eliminación de Enfermedades Transmisibles y Condiciones Prioritarias, que reafirma que la respuesta a la tuberculosis debe coordinarse entre la Nación y los territorios, con las entidades departamentales, distritales y municipales como responsables directas de la gestión en salud pública. Para quienes trabajamos del lado ocupacional, esa dirección de política pública es importante porque marca el ritmo al que también deben ajustarse los protocolos de vigilancia epidemiológica dentro de las empresas.

Recordar: Que en patología del trabajo es bien conocida la susceptibilidad de los silicóticos y de los neumoconióticos del carbón para contraer la TBC. Son colectivos laborales en los que la prevalencia de TBC es especialmente alta (Arch Prev Riesgos Labor 2008; 11 (1): 27-35).

EL MARCO NORMATIVO QUE DEBE CONOCER EL MÉDICO LABORAL

Cualquier abordaje serio del trabajador con TBC tiene que apoyarse en un conjunto de normas que, aunque no siempre hablan explícitamente de "trabajo", terminan definiendo cómo se maneja el caso desde el consultorio ocupacional:

Un punto que la literatura especializada colombiana repite con insistencia: la normatividad todavía no cuenta con un lineamiento específico de vigilancia epidemiológica ocupacional para el personal de salud expuesto a M. tuberculosis, pese a que este es reconocido como un riesgo biológico ocupacional. Mientras esa brecha no se cierre con una norma dedicada, el criterio clínico y la aplicación juiciosa de las guías generales de bioseguridad siguen siendo la principal herramienta del médico ocupacional.

DEL CASO SOSPECHOSO AL REINTEGRO: LA RUTA CLÍNICO-LABORAL

En la práctica diaria, el manejo de un trabajador con sospecha o diagnóstico de TBC pasa por varias etapas que conviene tener siempre presentes:

1. Sospecha y confirmación diagnóstica. Tos persistente por más de dos semanas, sudoración nocturna, pérdida de peso y astenia siguen siendo las banderas rojas clásicas. El protocolo nacional recomienda combinar baciloscopia, cultivo, pruebas moleculares rápidas en menos de 2 horas (como el Xpert MTB/RIF: detección del Mycobaterium y si tiene resistencia antibiótica) y estudios de imagen, según la disponibilidad de la red de servicios donde esté afiliado el trabajador.  Todavía en nuestro medio utilizamos el PPD (Tuberculina), a pesar de su bajo costo, técnica sencilla y ampliamente estandarizada (ventajas) y sus reacciones falsas positivas por vacunación previa con BCG, ni distinguir entre infección latente y enfermedad activa (desventajas)

2. Determinación del origen. Aquí el médico ocupacional cumple un papel central: establecer si el caso corresponde a una enfermedad laboral —lo que aplicaría sobre todo en sectores con exposición reconocida, como el personal de salud, laboratorios clínicos o instituciones penitenciarias— o si se trata de un evento de origen común. Esa calificación define quién asume el seguimiento, las prestaciones económicas y el programa de rehabilitación: la ARL si el origen es laboral, la EPS si es común.

3. Notificación y aislamiento respiratorio. Todo caso confirmado debe notificarse al Sistema de Vigilancia en Salud Pública. Mientras el trabajador cursa el periodo bacilífero, la recomendación clínica es la incapacidad temporal con aislamiento respiratorio en casa, evitando el contacto con público y compañeros hasta que el tratamiento antituberculoso demuestre negativización de las baciloscopias, generalmente entre dos y tres semanas después de iniciada una terapia adecuada.

4. Seguimiento del tratamiento. El esquema acortado supervisado (los seis meses clásicos de isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol, con ajustes según la fase) exige verificar adherencia, tolerancia y aparición de efectos adversos hepáticos o gastrointestinales, que son la causa más frecuente de abandono. El médico laboral, en coordinación con el programa de tuberculosis de la IPS tratante, debe estar atento a estos controles, aunque no sea quien prescribe el tratamiento.

5. Reincorporación laboral. Superada la fase bacilífera y con evolución clínica favorable, el reintegro debe planearse siguiendo el Manual de Rehabilitación Integral de la Resolución 3050 de 2022: valorar capacidad residual, definir si se requieren recomendaciones u restricciones temporales, y documentar todo el proceso para evitar que el trabajador quede desprotegido si el empleador no puede cumplir con los ajustes indicados. 

RECOMENDACIONES Y RESTRICCIONES QUE SUELEN APLICARSE

No existe una fórmula única —cada caso depende del puesto de trabajo, la fase de la enfermedad y las comorbilidades— pero hay lineamientos que se repiten en la práctica ocupacional:

  • Evitar temporalmente labores con alta exposición o contacto estrecho con público, especialmente en fases bacilíferas, hasta contar con controles bacteriológicos que confirmen la negativización.
  • Restringir la exposición a espacios cerrados y mal ventilados durante la fase infecciosa, así como el uso compartido de elementos de protección respiratoria.
  • Priorizar teletrabajo o reubicación temporal cuando la naturaleza del cargo lo permita, mientras dura el periodo de mayor riesgo de transmisión.
  • Evitar la exposición a polvos, humos o sustancias hepatotóxicas en trabajadores bajo tratamiento con isoniazida y rifampicina, dado el riesgo de potenciar la hepatotoxicidad.
  • Programar los controles médicos periódicos y el seguimiento de la función hepática durante todo el esquema terapéutico, ajustando cargas de trabajo si aparece fatiga significativa.
  • Levantar las restricciones progresivamente, con reincorporación gradual si la ocupación implica esfuerzo físico considerable, una vez el trabajador complete la fase intensiva del tratamiento.

Es igual de importante recordar lo que la Resolución 1843 de 2025 refuerza: ninguna de estas recomendaciones puede traducirse en discriminación laboral. El diagnóstico de tuberculosis no es causal de despido ni de exclusión de beneficios, y la reserva de la historia clínica ocupacional debe respetarse en todo momento.

Prevención intralaboral: lo que le corresponde a la empresa

Desde el SG-SST, la tuberculosis debe incluirse formalmente en la matriz de peligros como riesgo biológico, sobre todo en sectores de mayor exposición: instituciones de salud, laboratorios, centros penitenciarios, albergues y entornos con hacinamiento. Las medidas que la literatura ocupacional colombiana identifica como más efectivas incluyen:

1. Eliminación y Sustitución (Barreras duras - Aplicación adaptada)
En riesgos biológicos no se puede "eliminar" al paciente ni "sustituir" la bacteria por un virus inofensivo. Por ende, estos conceptos se enfocan en eliminar la exposición o el riesgo en tareas específicas:

    • Eliminación: Otorgar licencia médica remunerada inmediata o aislamiento domiciliario al trabajador que ha sido diagnosticado con TBC activa pulmonar o laríngea. El empleado no debe pisar el centro laboral hasta que el médico certifique que ya no es bacilífero (no contagioso) y esté en tratamiento regular.
    • Sustitución: Reubicar temporalmente a trabajadores con sistemas inmunitarios comprometidos (como personas con VIH, diabetes descontrolada o en tratamientos inmunosupresores) fuera de áreas de alto riesgo (ej. salas de urgencias, neumología o laboratorios de microbiología).
2. Controles de Ingeniería (Controles ambientales)
Buscan contener el patógeno en el ambiente antes de que llegue a la zona de respiración del personal sano:

    • Ventilación: Implementar sistemas de ventilación natural cruzada (ventanas y puertas abiertas de forma estratégica) o sistemas mecánicos de presión negativa en habitaciones de aislamiento (mínimo 6 a 12 recambios de aire por hora).
    • Filtración: Instalación de sistemas de extracción de aire equipados con filtros HEPA de alta eficiencia.
    • Desinfección: Implementar sistemas de irradiación ultravioleta germicida de la parte superior de las habitaciones (UVGI) en zonas cerradas de alta congregación.
3. Controles Administrativos (Los más críticos en TBC)
Establecen procesos, reglas y capacitaciones para reducir la probabilidad de transmisión:

    • Triaje y Captación Temprana: Implementar protocolos estrictos para la identificación inmediata de personas con síntomas respiratorios (tos por más de 15 días).
    • Separación Física Temprana: Aislar de manera inmediata a pacientes sospechosos en áreas específicas y colocarles mascarillas quirúrgicas (esto actúa como control en la fuente).
    • Vigilancia de la Salud: Realizar pruebas de tamizaje periódicas al personal expuesto, tales como la prueba de tuberculina (Mantoux) o ensayos de liberación de interferón gamma (IGRA).
    • Capacitación: Instruir sobre la etiqueta de la tos, el reconocimiento de síntomas y los protocolos de bioseguridad.
4. Equipos de Protección Personal - EPP (Barrera blanda - Última línea de defensa)
Protegen directamente al trabajador individual cuando los controles anteriores no bastan:

    • Protección respiratoria obligatoria: Uso exclusivo de respiradores de alta eficiencia (N95, FFP2 o FFP3) para el personal de salud o trabajadores que atiendan a personas con sospecha o confirmación de TBC activa.
    • Ajuste del respirador: Asegurar que cada trabajador reciba capacitación sobre cómo realizar la prueba de sellado facial antes de cada turno (las mascarillas quirúrgicas convencionales no protegen al personal de la inhalación de aerosoles de TBC).

Prevención extralaboral: lo que ocurre fuera de la empresa

El control de la tuberculosis no se agota en la puerta de la empresa. El trabajador convive, viaja en transporte público y regresa cada noche a un hogar donde puede haber más personas en riesgo. Por eso, el acompañamiento desde medicina laboral debería incluir:

  • Educación al trabajador y a su núcleo familiar sobre signos de alarma, transmisión y adherencia al tratamiento.
  • Articulación con el programa territorial de tuberculosis para el estudio de contactos convivientes, especialmente niños y personas con VIH u otras condiciones de inmunosupresión.
  • Apoyo psicosocial, dado el estigma que todavía rodea a esta enfermedad y que puede llevar al abandono del tratamiento o al aislamiento social innecesario.
  • Seguimiento nutricional, porque la desnutrición sigue siendo uno de los factores de riesgo más asociados a la reactivación y a la mala evolución clínica.
  • Fortalecimiento de la vivienda y el entorno: ventilación del hogar, evitar el hacinamiento mientras dura la fase bacilífera.

Una mirada en mis cuarenta años de ejercicio

Después de tantos años viendo pasar trabajadores por el consultorio ocupacional, uno aprende que la tuberculosis no se resuelve solo con el esquema farmacológico correcto. Se resuelve cuando el médico laboral logra conectar el diagnóstico clínico con la realidad del puesto de trabajo, con la normativa que protege al trabajador y con la red social que lo sostiene mientras se recupera. La actualización constante —de la Resolución 227 de 2020 al reciente Plan Nacional 2025-2031— nos recuerda que esta sigue siendo una enfermedad viva en Colombia, y que la medicina del trabajo tiene un papel que cumplir en su eliminación, no solo diagnosticando y restringiendo, sino acompañando al trabajador hasta que pueda volver, con seguridad, a su vida laboral.

FUENTE 

  1. https://consultorsalud.com/desafio-persistente-de-la-tuberculosis-pulmonar/
  2. https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/VS/PP/ET/plan-nacional-acelerar-eliminacion-tuberculosis-2025-2031.pdf
  3. https://www.minsalud.gov.co/Normatividad_Nuevo/Resolucion%20No%20119%20de%202026.pdf
  4. https://www.minsalud.gov.co/Normatividad_Nuevo/Resoluci%C3%B3n%20No.%20227%20de%202020.pdf
  5. https://www.ani.gov.co/documents/20117/358380/programa_de_reincorporacion_laboral_y_ocupacional.pdf
  6. https://archivosdeprevencion.eu/view_document.php?tpd=2&i=1831

martes, 1 de septiembre de 2026

UTILIDAD DEL HEMOGRAMA TIPO IV EN SALUD OCUPACIONAL

POR  EDGARDO  AGUILAR HERNÁNDEZ MEDICO SGSST 2026

El hemograma tipo IV o cuadro hemático constituye una de las pruebas paraclínicas complementarias más solicitadas dentro de las evaluaciones médicas ocupacionales. Su importancia en literatura científica reciente y normativa vigente en salud ocupacional, es como una herramienta de tamizaje simple, barata, en la vigilancia epidemiológica y detección de hematotoxicidad asociada a agentes de riesgo laboral químicos como el plomo, el benceno y los plaguicidas organofosforados y carbamatos. También los casos de exposición a radiaciones ionizantes por riesgo físico, presentes en personal de salud (radiología), industria nuclear o minería, aviación. Sus indicaciones dentro de las evaluaciones de ingreso, periódicas y de egreso en casos de anemia, trombocitopenia, policitemia, leucocitosis, etc., es crucial, mas no definitiva. Así como sus limitaciones como prueba de tamizaje y recomendaciones para su interpretación (subvalorada) en el contexto ocupacional.  En este escrito vamos a referirnos básicamente a dos factores de riesgo ocupacional que afectan el hemograma: el químico y el físico.

INTRODUCCIÓN

La vigilancia de la salud de los trabajadores tiene como objetivo identificar de forma temprana los efectos que las condiciones de trabajo pueden generar sobre el estado de salud de la población laboral, con el fin de prevenir enfermedades laborales y proteger la capacidad funcional del trabajador (Decreto 1072 de 2015, resolución 0312 de 2019, resolución 1843 de 2025). Con este fin ordenamos un hemograma tipo IV. 

El hemograma tipo IV es un examen de laboratorio que cuantifica y caracteriza los elementos formes de la sangre: la serie roja (recuento de eritrocitos, hemoglobina, hematocrito y los índices eritrocitarios VCM, HCM y CHCM, además del ancho de distribución eritrocitaria o RDW), la serie blanca (recuento total de leucocitos y su fórmula diferencial: neutrófilos, linfocitos, monocitos, eosinófilos y basófilos) y la serie plaquetaria (recuento y volumen plaquetario medio). Su interpretación conjunta permite detectar procesos como anemias, policitemias, leucocitosis o leucopenias, alteraciones de la fórmula leucocitaria y trombocitopenias o trombocitosis, muchas de las cuales pueden originarse por exposición ocupacional a tóxicos hematológicos.

Utilidad del hemograma tipo IV en Salud Ocupacional

Veamos unos casos puntuales:

  • En trabajadores mineros, se ha documentado una relación lineal y significativa entre el nivel de plomo en sangre y marcadores como la protoporfirina zinc eritrocitaria y el ácido delta-aminolevulínico urinario, reforzando el valor del hemograma como parte de un panel de biomonitoreo junto con estos otros marcadores bioquímicos de efecto (Evaluation of Blood Lead Levels and Their Effects on Hematological and Renal Parameters, Health Scope, 2021). Estudios adicionales en trabajadores con exposición subaguda a plomo (36 a 44 días) han mostrado alteraciones en la morfología sanguínea y en citocinas relacionadas con la hematopoyesis, lo que sugiere que el hemograma puede detectar cambios incluso en exposiciones de corta duración (Machoń-Grecka et al., 2018).
  • El benceno, presente en la industria petroquímica, refinerías, estaciones de servicio y manufactura de solventes aromáticos, es reconocido por su potencial hematotóxico y leucemogénico. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (OSHA) recomienda el monitoreo del hemograma completo en trabajadores expuestos a benceno, dado que esta prueba constituye una herramienta accesible para evaluar hematotoxicidad temprana (Alshaarawy et al.; OSHA, citado en PMC6002464).
  • En trabajadores agrícolas expuestos a plaguicidas organofosforados, diversos estudios latinoamericanos han encontrado alteraciones cuantitativas del hemograma, incluyendo poliglobulia, leucocitosis, neutrofilia, linfocitosis, monocitopenia y cambios en el recuento plaquetario, así como alteraciones cualitativas de la morfología celular (neutrófilos con granulación tóxica, linfocitos reactivos e hipersegmentación), recomendándose incluir el hemograma y el frotis de sangre periférica como marcadores de hemotoxicidad dentro de los perfiles ocupacionales o epidemiológicos de esta población (estudio en agricultores de Guaslán, Ecuador).
  • En exposiciones agudas o accidentales a insecticidas organofosforados se ha reportado una tendencia a la disminución del recuento plaquetario por debajo de 150 × 10⁹/L, sin cambios significativos en otros parámetros hematológicos, lo que resalta la utilidad del recuento plaquetario como componente sensible del hemograma en el seguimiento post-exposición aguda.
  • La exposición a radiaciones ionizantes altera la médula ósea (célula troncal hematopoyética o pluripotencial) y provoca principalmente la disminución de glóbulos blancos (leucopenia), plaquetas (trombocitopenia) y glóbulos rojos (anemia).  El daño depende de la cantidad de radiación absorbida y de si la exposición es aguda (un solo evento fuerte) o crónica (bajas dosis acumuladas durante años en personal ocupacionalmente expuesto). Tras la exposición a la radiación, se pueden evidenciar cambios en la composición de la sangre con irradiación tan baja como 1 Gy, con 2 Gy puede producir la muerte y 7 Gy confirmada.

     MO: Médula ósea – GL: ganglio linfático.

  • En casos de exposición aguda o accidentes radiológicos, el hemograma es una herramienta médica de primer orden y de respuesta rápida. No ocurre lo mismo en dosis bajas donde su sensibilidad es baja.

Limitaciones del hemograma como herramienta de vigilancia

  • Baja especificidad: las alteraciones hematológicas pueden originarse por causas no ocupacionales (nutricionales, infecciosas, hematológicas primarias, hábito tabáquico, entre otras), por lo que un hallazgo anormal requiere estudio diferencial.
  • Sensibilidad variable en exposiciones de bajo nivel: en exposiciones crónicas de baja intensidad los cambios pueden ser sutiles y no siempre superan los rangos de referencia poblacionales.
  • Necesidad de valores basales: su utilidad como herramienta de vigilancia se maximiza cuando se dispone de un hemograma de ingreso para comparación longitudinal.
  • Debe interpretarse en conjunto con biomarcadores específicos (p. ej., colinesterasa para plaguicidas, plumbemia y protoporfirina zinc para plomo, o metabolitos urinarios para benceno), dosimetrías para radiaciones ionizantes y no de forma aislada.
  • La periodicidad de la prueba debe ajustarse según el nivel de riesgo determinado en la matriz de peligros y la normativa aplicable a cada actividad económica.

Recomendaciones para la práctica en salud ocupacional

  • Incluir el hemograma completo con diferencial y recuento plaquetario dentro de las evaluaciones médicas de ingreso, periódicas y de egreso para trabajadores con exposición a agentes hematotóxicos identificados en la matriz de peligros. (tipo IV)
  • Establecer un hemograma basal en la evaluación de ingreso para permitir el análisis comparativo en evaluaciones subsiguientes.
  • Definir la periodicidad de control según el nivel de riesgo, el tipo de agente y la normativa vigente aplicable (por ejemplo, protocolos específicos para plomo, benceno o plaguicidas).
  • Complementar el hemograma con biomarcadores específicos de exposición y de efecto según el agente identificado.
  • Ante hallazgos persistentes o progresivos, remitir oportunamente al trabajador para valoración por hematología y reforzar las medidas de control en la fuente, el medio y el trabajador.

Conclusiones 

El hemograma es una herramienta paraclínica accesible, de bajo costo y de amplia utilidad dentro de la vigilancia de la salud de los trabajadores, particularmente en poblaciones expuestas a agentes con reconocido potencial hematotóxico como el plomo, el benceno y los plaguicidas organofosforados, carbamatos y radiaciones ionizantes agudas o cronicas. La evidencia revisada respalda su inclusión sistemática en las evaluaciones médicas ocupacionales de ingreso, periódicas y de egreso, siempre en conjunto con biomarcadores específicos de exposición y bajo una interpretación clínica que considere la especificidad limitada de la prueba. Su mayor valor se obtiene cuando se emplea de forma longitudinal, comparando resultados basales con evaluaciones sucesivas, dentro de un programa integral de vigilancia epidemiológica ocupacional.

Recordar: El hemograma es una prueba de control básico en programas de vigilancia médica ocupacional, aunque sus cambios por exposición crónica a bajas dosis pueden ser tardíos y poco específicos.

Referencias bibliográficas

  1. Ataro, Z., Geremew, A., & Urgessa, F. (2018). Occupational health risk of working in garages: comparative study on blood pressure and hematological parameters between garage workers and Haramaya University community, Harar, eastern Ethiopia. Risk Management and Healthcare Policy, 11, 35–44. https://doi.org/10.2147/RMHP.S154611
  2. Colombia, Ministerio de la Protección Social. (2007). Resolución 2346 de 2007, por la cual se regula la práctica de evaluaciones médicas ocupacionales y el manejo y contenido de las historias clínicas ocupacionales.
  3. Hematological Changes in Gas Station Workers (2023). Estudio transversal comparativo entre trabajadores de estaciones de servicio y trabajadores de oficina, biomarcadores urinarios de exposición a benceno y hemograma seriado. PMC10218040.
  4. Kamal, A., & Malik, R. N. (2012). Hematological evidence of occupational exposure to chemicals and other factors among auto-repair workers in Rawalpindi, Pakistan. Osong Public Health and Research Perspectives, 3(4), 229–238.
  5. Kasperczyk, A., Dobrakowski, M., Czuba, Z. P., Kasperczyk, S., et al. (2018). The effect of occupational chronic lead exposure on the complete blood count and the levels of selected hematopoietic cytokines. Toxicology and Applied Pharmacology / ScienceDirect.
  6. Lan, Q., Zhang, L., Li, G., Vermeulen, R., et al. (2004). Hematotoxicity in workers exposed to low levels of benzene. Science, 306(5702), 1774–1776.
  7. Machoń-Grecka, A., Dobrakowski, M., Kasperczyk, A., Birkner, E., Pryzwan, T., & Kasperczyk, S. (2018). Blood morphology and the levels of selected cytokines related to hematopoiesis in occupational short-term exposure to lead. Journal of Occupational Health, 60(5), 369–375.
  8. Metabolomics of Benzene Exposure and Development of Biomarkers for Exposure Hazard Assessment (2024). Estudio metabolómico en trabajadores expuestos y modelo animal de exposición a benceno. PMC11278683.
  9. Perú, Ministerio de Salud. (2011). Resolución Ministerial N.º 312-2011/MINSA, Protocolos de exámenes médico ocupacionales y guías de diagnóstico de los exámenes médicos obligatorios por actividad.
  10. Perú. (2011). Ley N.º 29783, Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, y su reglamento (Decreto Supremo N.º 005-2012-TR).
  11. Polymorphism of GSTP1, GSTT1, GSTM1 and CYP2E1 genes and susceptibility to benzene-induced hematotoxicity. PMC6002464.
  12. Salud, Ciencia y Tecnología. (2023). Hematological alterations in farmers exposed to organophosphate pesticides. Salud, Ciencia y Tecnología, 3, 568.
  13. Uso de organofosforados por agricultores de la comunidad de Guaslán-Ecuador y los cambios hematológicos. Redalyc, 560062453003.
  14. https://repository.urosario.edu.co/handle/10336/2272
  15. https://repositorio.unbosque.edu.co/server/api/core/bitstreams/d0014ae1-84dc-48c1-8a23-936bd6e04e76/content (Exposición ocupacional a radiaciones ionizantes y alteraciones hematológicas.)
  16. Valores hematológicos en individuos expuestos accidentalmente a insecticidas organofosforados. SciELO Paraguay, 1(1). 
  17. Evaluation of Blood Lead Levels and Their Effects on Hematological and Renal Parameters in Mine Workers (2021). Health Scope.
  18. Urinary Benzene Biomarkers and DNA Methylation in Bulgarian Petrochemical Workers: Study Findings and Comparison of Linear and Beta Regression Models. PMC3515615.

miércoles, 26 de agosto de 2026

EL HÍGADO QUE NO AVISA

Lo que la ciencia sabe hoy sobre el hígado graso, contado sin tecnicismos innecesarios.

Hay órganos que se quejan a gritos cuando algo anda mal. El corazón duele, el estómago arde, la piel se pone amarilla. El hígado, en cambio, es de los callados. Puede pasar años —a veces décadas— acumulando grasa entre sus células, inflamándose poco a poco, cicatrizando en silencio, sin que la persona sienta absolutamente nada. Cuando por fin avisa, casi siempre es tarde. Por eso, en el consultorio y en los exámenes ocupacionales que reviso a diario, el hígado graso se ha vuelto uno de esos hallazgos que uno no puede dejar pasar por alto, aunque el paciente llegue convencido de que se siente perfectamente bien.

Y es que se siente bien la mayoría del tiempo. Ese es justamente el problema.

DE UN NOMBRE INCÓMODO A UN NOMBRE MÁS HONESTO

Durante años, a esta condición la llamamos "hígado graso no alcohólico", una manera un poco torpe de decir "tiene grasa en el hígado, pero no es por el trago". El nombre incomodaba por dos razones: primero, porque definía la enfermedad por lo que no era, en vez de explicar lo que sí era; y segundo, porque la palabra "graso" terminó cargando un estigma que muchos pacientes no merecían. No es un problema exclusivo de quienes tienen sobrepeso visible; también aparece —y con peor pronóstico, curiosamente— en personas delgadas.

En 2023, un grupo internacional de sociedades científicas de hepatología decidió corregir el nombre. Nació entonces la "enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica", que en inglés se abrevia MASLD (se pronuncia algo así como "mázld") y que, para efectos prácticos, uno puede seguir llamando hígado graso sin pecar de impreciso. Lo importante no es el trabalenguas técnico, sino lo que hay detrás del cambio: ahora el diagnóstico no se hace por descarte —"no toma, entonces debe ser esto"— sino por la presencia positiva de al menos un factor de riesgo metabólico: sobrepeso, glucosa alta, presión elevada, triglicéridos disparados o colesterol bueno bajo. Uno solo de esos cinco, sumado a la evidencia de grasa en el hígado por ecografía, ya confirma el diagnóstico.

Cuando la inflamación se suma a esa grasa acumulada, la enfermedad avanza a una fase más agresiva llamada MASH (antes NASH), y ahí es donde empieza a jugarse el verdadero pronóstico del paciente.

UNA EPIDEMIA QUE NO HACE RUIDO

Las cifras, para quien las mira con calma, son inquietantes. Entre el 25% y el 38% de la población adulta del planeta convive hoy con algún grado de hígado graso. Es, sin discusión, la enfermedad hepática crónica más común del mundo, más frecuente que todas las hepatitis virales juntas. Y su curva sigue subiendo de la mano de dos viejos conocidos de nuestra salud pública: la obesidad y la diabetes tipo 2.

Lo que hace especialmente traicionera a esta enfermedad es su ritmo. No es una tormenta, es una gotera. El hígado tiene una capacidad de compensación extraordinaria, y puede seguir funcionando aparentemente normal mientras, célula a célula, va reemplazando tejido sano por cicatrices —lo que en medicina llamamos fibrosis—. Los exámenes de sangre de rutina, esos que muestran las transaminasas (AST y ALT), pueden salir completamente normales incluso cuando ya existe un daño considerable. Es, quizás, el ejemplo más claro de por qué "sentirse bien" y "estar bien" no siempre son la misma cosa.

CÓMO SE DESCUBRE LO QUE NO SE SIENTE

Si el cuerpo no avisa, hay que ir a buscarlo. Y aquí es donde la medicina moderna ha hecho, en los últimos años, un progreso notable: ya no hace falta someter a todo el mundo a una biopsia hepática —ese procedimiento invasivo que durante décadas fue el único método confiable— para saber qué tan comprometido está un hígado.

Hoy existe una estrategia escalonada, casi como un embudo de clasificación, que cualquier médico general puede aplicar con datos que probablemente ya tiene en la historia clínica del paciente. El primer filtro se llama FIB-4, una fórmula que combina la edad con los valores de AST, ALT y el conteo de plaquetas. No requiere ningún examen adicional, solo una calculadora. Si el resultado es bajo, la probabilidad de fibrosis avanzada es mínima y basta con reevaluar cada uno o dos años. Si el resultado queda en una zona intermedia o alta, el paciente pasa al segundo filtro: una prueba de imagen llamada elastografía de transición —más conocida por su nombre comercial, FibroScan—, que en minutos y sin agujas mide qué tan "dura" está la textura del hígado, una dureza que se correlaciona directamente con el grado de cicatrización.

Solo cuando estas herramientas no despejan la duda, o cuando hay que decidir sobre un tratamiento farmacológico específico, se reserva la biopsia. Es un cambio de filosofía profundo: de un modelo que buscaba confirmar la enfermedad de la forma más invasiva posible, a uno que prioriza detectar tempranamente a quienes realmente están en riesgo, sin someter a procedimientos innecesarios a la inmensa mayoría que no lo está.

Vale la pena una advertencia, sin embargo: la evidencia más reciente ha mostrado que el FIB-4 puede subestimar el riesgo en personas con obesidad marcada. Es decir, un resultado tranquilizador en el papel no siempre debería cerrar la conversación si la sospecha clínica sigue ahí.

EL TRATAMIENTO QUE DURANTE AÑOS NO EXISTIÓ

Durante mucho tiempo, cuando un paciente preguntaba "¿y doctor, qué pastilla me manda para el hígado graso?", la respuesta honesta era: ninguna, todavía. El único tratamiento con evidencia sólida era —y sigue siendo— el más antiguo de todos: bajar de peso, moverse más, comer mejor. Una pérdida de entre el 5% y el 7% del peso corporal ya mejora la acumulación de grasa; si se logra superar el 10%, en muchos casos la inflamación del hígado retrocede y hasta la cicatrización empieza a revertirse. Ningún medicamento, hasta hace poco, podía prometer eso.

Esa historia cambió apenas en los últimos dos años, y vale la pena contarla porque es poco frecuente ver nacer un tratamiento nuevo en tiempo real. En marzo de 2024, la FDA estadounidense aprobó el resmetirom, el primer fármaco diseñado específicamente para la forma inflamatoria de esta enfermedad en pacientes con fibrosis moderada. Actúa directamente sobre receptores en el hígado, estimulando el metabolismo de las grasas donde más se necesita. Un año después, en agosto de 2025, se sumó una segunda aprobación que sorprendió incluso a los especialistas: la semaglutida —el mismo principio activo que revolucionó el manejo de la obesidad y la diabetes— demostró en un estudio de fase 3 que el 63% de los pacientes tratados lograba resolver la inflamación hepática sin que la fibrosis empeorara, casi el doble que con placebo.

Dos aprobaciones en dos años, después de décadas sin ninguna, no es un dato menor. Es la señal de que una enfermedad silenciosa por fin está recibiendo la atención científica que su magnitud siempre mereció.

LO QUE REALMENTE DECIDE EL PRONÓSTICO

Si hay una sola idea que uno debería llevarse de todo esto, es esta: lo que determina el futuro de un paciente con hígado graso no es cuánta grasa tiene acumulada, sino cuánta cicatriz —cuánta fibrosis— ha dejado esa grasa a su paso. Dos personas pueden tener el mismo grado de esteatosis en la ecografía y pronósticos completamente distintos, según qué tan avanzada esté la fibrosis por debajo de esa grasa visible. 

Y hay otro dato que suelo repetir en las evaluaciones ocupacionales: la principal causa de muerte en estos pacientes no es, como muchos esperarían, la cirrosis ni el cáncer de hígado. Es la enfermedad cardiovascular. El hígado graso no es solo un problema del hígado; es, ante todo, la ventana visible de un desorden metabólico que también está afectando arterias y corazón. Por eso, cuidar ese hígado silencioso casi siempre significa, al mismo tiempo, cuidar lo que realmente puede matar. Analíticas (laboratorios), cintura, alimentación y ejercicio sostienen el control temprano del hígado graso.

La buena noticia, la que cierra esta historia con algo de esperanza, es que —a diferencia de lo que se pensaba hace apenas una década— la fibrosis hepática no es necesariamente un camino de un solo sentido. Con constancia en los hábitos, y ahora también con herramientas farmacológicas específicas, ese hígado que no avisa puede, en buena medida, aprender a repararse a sí mismo. La condición es que alguien se tome el trabajo de escucharlo antes de que sea demasiado tarde.

RESUMEN: La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) ha pasado, en menos de tres años, de carecer de tratamiento farmacológico específico a contar con dos terapias aprobadas (resmetirom y semaglutida) dirigidas a los pacientes con mayor riesgo: aquellos con MASH y fibrosis significativa. El diagnóstico se sustenta hoy en criterios cardiometabólicos positivos más confirmación de esteatosis, y la estratificación de riesgo se apoya en un algoritmo secuencial no invasivo (FIB-4 seguido de elastografía o ELF) que evita biopsias innecesarias. El pronóstico continúa determinado por el estadio de fibrosis y el riesgo cardiovascular asociado, pero la intervención temprana sobre el estilo de vida y, cuando está indicado, la farmacoterapia específica, ofrecen hoy una perspectiva de regresión de la enfermedad antes reservada a estadios tempranos.

Este relato está basado en la evidencia científica y las guías clínicas vigentes (EASL–EASD–EASO 2024, AASLD 2023–2025) y tiene fines divulgativos. No reemplaza la valoración médica individual.

viernes, 21 de agosto de 2026

La ARL: el seguro invisible que sostiene a quien trabaja

POR EDGARDO AGUILAR HERNANDEZ MEDICO SGSST 2026
Casi nadie piensa en la ARL hasta que la necesita. Es esa sigla que aparece en un contrato, en una planilla de pago, en un formulario de afiliación que se firma casi sin leer. Pero detrás de esas tres letras hay un sistema completo, construido durante más de tres décadas, que decide qué pasa con un trabajador el día que algo sale mal: una caída, un accidente en la vía, una enfermedad que se fue gestando silenciosamente en un puesto de trabajo mal diseñado.

Después de tantos años ejerciendo la medicina laboral, he aprendido que la ARL no es solo un trámite administrativo. Es, en el fondo, la promesa de que el trabajo no debería costarle la salud a nadie —y cuando la promesa falla, es quien debe responder.

Lema de la OIT: "Trabajo digno, es trabajo Seguro".

Ese lema refleja perfectamente el espíritu de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), aunque técnicamente su concepto global y bandera es el de "Trabajo Decente", el cual establece que no puede existir dignidad laboral sin seguridad y salud en el espacio de trabajo.

Qué es realmente una ARL

Una Administradora de Riesgos Laborales es una aseguradora autorizada por el Estado colombiano para afiliar trabajadores, recaudar cotizaciones y asumir la cobertura de los eventos que ocurren por causa o con ocasión del trabajo: los accidentes de trabajo y las enfermedades laborales.

Aquí hay un detalle que sorprende a muchos: a diferencia de la salud o la pensión, donde el trabajador también aporta de su bolsillo, en riesgos laborales el 100% de la cotización la paga el empleador. Ni un peso sale del salario del trabajador. Es una decisión de fondo del legislador colombiano, plasmada desde 1994 en el Decreto-Ley 1295: si el riesgo lo genera la actividad económica, quien se beneficia de esa actividad —el empleador— es quien debe asumir su costo.

El puente entre la ARL y la medicina laboral

Aquí es donde mi profesión entra en escena. Gran parte de lo que hacemos en salud ocupacional —los exámenes médicos de ingreso, los sistemas de vigilancia epidemiológica para proteger columnas, oídos, pulmones o la salud mental de los trabajadores— existe en diálogo permanente con las ARL.

Cuando un trabajador sufre un accidente o se sospecha que una enfermedad tiene origen laboral, es la ARL quien debe calificar ese origen. Pero esa calificación no se hace en el vacío: se apoya en la historia clínica ocupacional, en los exámenes complementarios, en el concepto médico que documenta qué le pasó a esa persona y por qué. La medicina laboral aporta la evidencia; la ARL aporta la cobertura. Sin esa alianza, el sistema no funciona.

Y cuando el trabajador queda con secuelas, es también la ARL quien debe financiar su rehabilitación y su reincorporación al trabajo —un proceso donde, de nuevo, el criterio médico decide qué puede y qué no puede volver a hacer esa persona.

Cómo se paga: la aritmética silenciosa detrás del sistema

El sistema clasifica toda actividad económica en cinco clases de riesgo, de la I (mínimo, como una oficina) a la V (máximo, como la minería o la construcción). A cada clase le corresponde un porcentaje que se aplica sobre el ingreso del trabajador, y ese porcentaje puede moverse dentro de un rango —entre un mínimo y un máximo— según qué tan segura o insegura haya sido la empresa en su historial de accidentalidad.

Para un trabajador dependiente, la base es su salario. Para un contratista por prestación de servicios, la base es el 40% del valor mensual del contrato. Para quien devenga salario integral, es el 70%. Son detalles técnicos, sí, pero de ellos depende cuánto queda protegido —o desprotegido— un trabajador el día que algo pasa.


El valor de la cotización mínima se realizó con base en el salario mínimo mensual legal vigente para 2026 ($1.750.905). Esta clasificación también influye en la implementación de los estándares mínimos del sistema de gestión de seguridad y salud en el trabajo –SG-SST–, que deben determinarse según el número de trabajadores y el nivel de riesgo con el cual se encuentra calificada la empresa. 

Lo que la ARL entrega a cambio

A cambio de esa cotización, el sistema le debe al trabajador dos tipos de respaldo. Uno asistencial: atención médica integral, medicamentos, prótesis, rehabilitación, sin límite de cuantía mientras el evento sea de origen laboral. Y uno económico: el subsidio durante una incapacidad, una indemnización si queda con pérdida de capacidad laboral, una pensión de invalidez si la pérdida es severa, y hasta una pensión de sobrevivientes y un auxilio funerario si el desenlace es el peor de todos.

Es, en últimas, un pacto social: el trabajador entrega su fuerza de trabajo, y el sistema —financiado por el empleador— se compromete a no dejarlo solo si ese trabajo le cuesta su salud o su vida.

Un marco que nunca deja de moverse

Lo que sostiene todo esto no es una sola ley, sino una cadena normativa que empieza en la Constitución de 1991, pasa por la Ley 100 de 1993, se organiza con el Decreto 1295 de 1994, se moderniza con la Ley 1562 de 2012 y sigue ajustándose año tras año. De hecho, apenas este 2026 el Ministerio de Salud modificó, mediante la Resolución 196, el formulario con el que las empresas reportan sus novedades al sistema —una prueba de que esto no es letra muerta, sino un organismo vivo que se sigue afinando.

El marco normativo del SGRL se mantiene en actualización constante —como lo evidencian la Resolución 413 de 2025 y su modificación mediante la Resolución 196 de 2026—, por lo que su seguimiento debe ser permanente en la gestión de una IPS de salud ocupacional.

Para quienes trabajamos en salud ocupacional, esa actualización constante no es un detalle de trámite: es parte del oficio. Estar al día con la norma es, en el fondo, otra forma de cuidar a quien trabaja.

Por qué esto importa más allá de la oficina

Al final, cuando uno lleva cuatro décadas viendo pacientes que llegan después de un accidente en su puesto de trabajo, o revisando expedientes de enfermedades que se gestaron durante años de exposición mal controlada, entiende que la ARL no es un seguro más. Es la diferencia entre que un trabajador y su familia queden a la deriva, o que tengan un sistema —imperfecto, burocrático a veces, pero real— que responde.

Por eso vale la pena entenderla, exigir que se cumpla y, sobre todo, no dar por sentado algo que a tantos trabajadores todavía les cuesta comprender: que detrás de esas tres letras hay una red construida, con esfuerzo y con normas, para que el trabajo no termine costando lo que nunca debería costar.

La articulación entre las IPS de medicina laboral y las ARL fortalece la prevención, la vigilancia epidemiológica ocupacional y la reincorporación de los trabajadores afectados por contingencias laborales.

REFERENCIA NORMATIVA:

  1. Constitución Política de Colombia (1991), artículos 48 y 49.
  2. Ley 100 de 1993, por la cual se crea el Sistema de Seguridad Social Integral.
  3. Decreto-Ley 1295 de 1994, por el cual se determina la organización y administración del Sistema General de Riesgos Profesionales.
  4. Ley 1562 de 2012, por la cual se modifica el Sistema de Riesgos Laborales.
  5. Decreto Único Reglamentario 1072 de 2015, sector Trabajo.
  6. Resolución 0312 de 2019, Ministerio del Trabajo, estándares mínimos del SG-SST.
  7. Decreto 768 de 2022, Tabla de Clasificación de Actividades Económicas para el SGRL.
  8. Resolución 413 de 2025, Formulario Único de Afiliación y Reporte de Novedades al SGRL.
  9. Resolución 196 de 2026, Ministerio de Salud y Protección Social, por la cual se modifica el Formulario Único de Afiliación y Reporte de Novedades de la Resolución 413 de 2025.
FUENTE: CLAUDE AI, CHATGPT, NOTEBOOKLM Y GEMINIS: IMAGENES.

martes, 11 de agosto de 2026

CALCULADORA DE IMC Y RIESGO CARDIOVASCULAR

CONSECUENCIAS DEL IMC EN ADULTOS ELEVADO.

La obesidad es el peor factor de riesgo cardiovascular. Los niveles altos del IMC en adultos establecidos como sobrepeso y obesidad se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar diversas patologías, entre ellas:

  • Enfermedades cardiovasculares, donde destacan las cardiopatías y el accidente cerebrovascular, razón por la cual también se consideran un factor de riesgo cardiovascular.
  • Hipertensión arterial, diabetes tipo 2, Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).
  • Dislipidemia, la cual predispone al desarrollo de arterioesclerosis
  • Enfermedades del aparato locomotor como la artrosis.
  • Algunos tipos de cáncer: colón, mama, hepático, endometrial, prostático, renal, ovárico.
  • Problemas respiratorios, trastornos del sueño.
  • Puede complicar o incluso generar ERC, ya que contribuye a la disminución de la TFG. 

Calculadora de IMC y riesgo cardiovascular ocupacional

Panel de evaluación ocupacional

MOD. IMC-RCV

Índice de masa corporal y riesgo cardiovascular

Estimación orientativa de riesgo cardiovascular ocupacional a partir de datos antropométricos y factores de estilo de vida.

Completa los datos para ver el resultado.

Herramienta educativa basada en un puntaje simplificado (IMC, perímetro de cintura según criterios IDF, edad, tabaquismo, presión sistólica y nivel de actividad ocupacional). No constituye diagnóstico clínico ni sustituye la evaluación médica del programa de vigilancia epidemiológica cardiovascular.

TUBERCULOSIS Y TRABAJO: LA MIRADA DE LA MEDICINA LABORAL

POR EDGARDO AGUILAR HERNANDEZ. MEDICO SGSST. 2026 Cuando un trabajador llega al consultorio con una tos que ya lleva más de dos semanas, feb...