Historia Clínica Ocupacional
Modelo simplificado para examen de ingreso, periódico o de retiro
Modelo simplificado para examen de ingreso, periódico o de retiro
| ESPACIO LOGO |
GESTION MEDICA LABORAL | GO-FO-001 |
| HISTORIA CLINICA | VERSION: 001 | |
| FECHA: 30/01/2020 |
| FECHA: | LUGAR: | NO. DE HISTORIA: | |||
| TIPO DE EXAMEN: | |||||
| TIPO DE IDENTIFICACION: | NO: | SEXO: | EDAD: | ||
| NOMBRES Y APELLIDOS: | |||||
| LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO: | |||||
| DIRECCION: | TELEFONO: | ||||
| ESTADO CIVIL: | |||||
| ESCOLARIDAD: | |||||
| TITULO OBTENIDO: | |||||
| TIPO DE USUARIO: | NOMBRE EPS: | ||||
| AFP: | ARL: | ||||
| OCUPACION ACTUAL / CARGO A DESEMPEÑAR / ANTIGÜEDAD EN EL OFICIO: | |||||
| EX. OCUPACIONALES ANTERIORES: | |||||
| ITEM | NOMBRE | CARGO | TIEMPO | EXPOSICION F.R.O. | EX. OCUPACIONAL | EPP |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | ||||||
| 2 | ||||||
| 3 | ||||||
| 4 |
| ITEM | FECHA | NOMBRE DE LA EMPRESA | TIPO DE LESION | SECUELAS | INDEMNIZACION |
|---|---|---|---|---|---|
| 1 | |||||
| 2 | |||||
| 3 | |||||
| 4 |
| PATOLOGIAS | P | F | DESCRIPCION | PATOLOGIAS | P | F | DESCRIPCION |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| ALERGICAS | MUSCULARES | ||||||
| RESPIRATORIAS | TENDINOSAS | ||||||
| CARDIOVASCULARES | DIGESTIVAS | ||||||
| HORMONALES | INFECCIOSAS | ||||||
| CANCERIGENAS | NERVIOSAS | ||||||
| OTORRINOLARINGEAS | PSIQUIATRICAS | ||||||
| AUDITIVAS | GINECOLOGICAS | ||||||
| OCULARES | FLUJO VAGINAL | ||||||
| HIPERTENSION ARTERIAL | DIABETES | ||||||
| FRACTURA |
| MENARQUIA: | F.U.M: | F.U.P: | G: __ P: __ A: __ C: __ | HIJOS VIVOS: | ||||
| FECHA ULT. CITOLOGIA: | RESULTADO: | DISMENORREA: | METRORRAGIAS: | |||||
| MET. PLANIFICACIÓN: AO / IM | FECHA DE INICIO: | |||||||
| FECHA ECO. DE MAMA: | RESULTADO: | |||||||
| BEBEDOR: EDAD DE INICIO: TIPO: FRECUENCIA: | |||||||
| INGESTA DE PSICOACTIVOS: TIPO: RED BULL / CAFEINADOS: | |||||||
| FUMADOR: EDAD DE INICIO: N° DE CIGARRILLOS X DIA: | |||||||
| ACTIVIDAD FISICA O DEPORTIVA: TIPO: FRECUENCIA: |
| ESPACIO LOGO |
GESTION MEDICA LABORAL | GO-FO-001 |
| HISTORIA CLINICA | VERSION: 001 | |
| FECHA: 30/01/2020 |
| SIGNOS VITALES: TA: FC: FR: PESO(KG): TALLA(MT): P.ABD: TEMP: | |||||||
| IMC: RESULTADO: GRADO: DOMINANCIA: | |||||||
| ESTADO MENTAL: | |||||||
| APARIENCIA GENERAL: | |||||||
| PIEL: | |||||||
| CABEZA, CRANEO, CUERO CABELLUDO: | |||||||
| OJOS: CONJUNTIVAS, CORNEA, PÁRPADOS: | |||||||
| AGUDEZA VISUAL (T. SNELLEN): | V.C. O.D: 20/ O.I: 20/ V.L. O.D: 20/ O.I: 20/ | ||||||
| OIDOS: | PABELLON: CAES: TIMPANO: | ||||||
| PRUEBA DE WEBER / RINNE: | WEBER O.D: O.I: RINNE O.D: O.I: | ||||||
| NARIZ: | |||||||
| BOCA, DENTADURA Y OROFARINGE: | |||||||
| CUELLO: | |||||||
| TORAX: | |||||||
| MAMAS: | |||||||
| PULMONES: | |||||||
| CORAZON: | |||||||
| ABDOMEN: | |||||||
| DORSOLUMBAR: | |||||||
| MSD N | MSD A | MSI N | MSI A | MID N | MID A | MII N | MII A | DESCRIBA | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| FLEXION | |||||||||
| EXTENSION | |||||||||
| ABDUCCION | |||||||||
| ADDUCCION | |||||||||
| ROTACION | |||||||||
| FUERZA MOTRIZ O PRENSIL |
| PHALEN: | D + - | I + - | TINNEL: | D + - | I + - | FINKELSTEIN: | D + - | I + - | DURKAN: | D + - |
| LASEGUE: | T. WELL: | T. SHOOBER: | ||||||||
| SISTEMA VENOSO PERIFERICO: | VARICES: DESCRIBA: | |||||||||
| SISTEMA ARTERIAL (PULSOS): | DESCRIBA: | |||||||||
| DIAGNOSTICO | CIE 10 | DIAGNOSTICO | CIE 10 |
|---|---|---|---|
| FIRMA Y CEDULA DEL TRABAJADOR | FIRMA Y SELLO DEL ESPECIALISTA |
UN PROBLEMA QUE NO HA CEDIDO
La tuberculosis (TBC) sigue
siendo en el siglo XXI uno de los principales problemas de salud pública a
escala mundial. Los datos recientes son un
llamado de atención. El Ministerio de Salud y Protección Social viene
insistiendo en que Colombia todavía está lejos de las metas de la Estrategia
Fin a la Tuberculosis, y por eso adoptó el Plan Nacional para Acelerar la
Eliminación de la Tuberculosis 2025-2031, que fija metas progresivas de acceso
a pruebas moleculares rápidas: de una línea base cercana al 30 %, se espera
llegar al 45 % en 2025, al 60 % en 2026 y a la cobertura universal a partir de
2027. A comienzos de 2026, el Ministerio también adoptó el Plan Nacional de
Eliminación y Sostenimiento de la Eliminación de Enfermedades Transmisibles y
Condiciones Prioritarias, que reafirma que la respuesta a la tuberculosis debe
coordinarse entre la Nación y los territorios, con las entidades
departamentales, distritales y municipales como responsables directas de la
gestión en salud pública. Para quienes trabajamos del lado ocupacional, esa
dirección de política pública es importante porque marca el ritmo al que
también deben ajustarse los protocolos de vigilancia epidemiológica dentro de
las empresas.
Recordar: Que en patología del trabajo es bien conocida la susceptibilidad de los silicóticos y de los neumoconióticos del carbón para contraer la TBC. Son colectivos laborales en los que la prevalencia de TBC es especialmente alta (Arch Prev Riesgos Labor 2008; 11 (1): 27-35).
EL MARCO NORMATIVO QUE DEBE
CONOCER EL MÉDICO LABORAL
Cualquier abordaje serio del trabajador con TBC tiene que apoyarse en un conjunto de normas que, aunque no siempre hablan explícitamente de "trabajo", terminan definiendo cómo se maneja el caso desde el consultorio ocupacional:
Un punto que la
literatura especializada colombiana repite con insistencia: la normatividad
todavía no cuenta con un lineamiento específico de vigilancia epidemiológica
ocupacional para el personal de salud expuesto a M. tuberculosis, pese a que
este es reconocido como un riesgo biológico ocupacional. Mientras esa brecha no
se cierre con una norma dedicada, el criterio clínico y la aplicación juiciosa
de las guías generales de bioseguridad siguen siendo la principal herramienta
del médico ocupacional.
DEL CASO SOSPECHOSO AL REINTEGRO: LA RUTA CLÍNICO-LABORAL
En la práctica diaria, el manejo de un trabajador
con sospecha o diagnóstico de TBC pasa por varias etapas que conviene tener
siempre presentes:
1. Sospecha y confirmación diagnóstica. Tos persistente por más de dos semanas, sudoración nocturna, pérdida de peso y astenia siguen siendo las banderas rojas clásicas. El protocolo nacional recomienda combinar baciloscopia, cultivo, pruebas moleculares rápidas en menos de 2 horas (como el Xpert MTB/RIF: detección del Mycobaterium y si tiene resistencia antibiótica) y estudios de imagen, según la disponibilidad de la red de servicios donde esté afiliado el trabajador. Todavía en nuestro medio utilizamos el PPD (Tuberculina), a pesar de su bajo costo, técnica sencilla y ampliamente estandarizada (ventajas) y sus reacciones falsas positivas por vacunación previa con BCG, ni distinguir entre infección latente y enfermedad activa (desventajas).
2. Determinación del origen. Aquí el médico ocupacional
cumple un papel central: establecer si el caso corresponde a una enfermedad
laboral —lo que aplicaría sobre todo en sectores con exposición reconocida,
como el personal de salud, laboratorios clínicos o instituciones
penitenciarias— o si se trata de un evento de origen común. Esa calificación
define quién asume el seguimiento, las prestaciones económicas y el programa de
rehabilitación: la ARL si el origen es laboral, la EPS si es común.
3. Notificación y aislamiento respiratorio. Todo caso confirmado debe notificarse al Sistema de Vigilancia en Salud Pública. Mientras el trabajador cursa el periodo bacilífero, la recomendación clínica es la incapacidad temporal con aislamiento respiratorio en casa, evitando el contacto con público y compañeros hasta que el tratamiento antituberculoso demuestre negativización de las baciloscopias, generalmente entre dos y tres semanas después de iniciada una terapia adecuada.
4. Seguimiento del tratamiento. El esquema acortado
supervisado (los seis meses clásicos de isoniazida, rifampicina, pirazinamida y
etambutol, con ajustes según la fase) exige verificar adherencia, tolerancia y
aparición de efectos adversos hepáticos o gastrointestinales, que son la causa
más frecuente de abandono. El médico laboral, en coordinación con el programa
de tuberculosis de la IPS tratante, debe estar atento a estos controles, aunque
no sea quien prescribe el tratamiento.
5. Reincorporación laboral. Superada la fase
bacilífera y con evolución clínica favorable, el reintegro debe planearse
siguiendo el Manual de Rehabilitación Integral de la Resolución 3050 de 2022:
valorar capacidad residual, definir si se requieren recomendaciones u
restricciones temporales, y documentar todo el proceso para evitar que el
trabajador quede desprotegido si el empleador no puede cumplir con los ajustes
indicados.
RECOMENDACIONES Y RESTRICCIONES QUE SUELEN APLICARSE
No existe una fórmula única —cada caso depende del
puesto de trabajo, la fase de la enfermedad y las comorbilidades— pero hay
lineamientos que se repiten en la práctica ocupacional:
Es igual de importante recordar lo que la Resolución 1843 de 2025 refuerza: ninguna de estas recomendaciones puede traducirse en discriminación laboral. El diagnóstico de tuberculosis no es causal de despido ni de exclusión de beneficios, y la reserva de la historia clínica ocupacional debe respetarse en todo momento.
Prevención
intralaboral: lo que le corresponde a la empresa
Desde el SG-SST, la tuberculosis debe incluirse formalmente en la matriz de peligros como riesgo biológico, sobre todo en sectores de mayor exposición: instituciones de salud, laboratorios, centros penitenciarios, albergues y entornos con hacinamiento. Las medidas que la literatura ocupacional colombiana identifica como más efectivas incluyen:
1. Eliminación y Sustitución (Barreras duras - Aplicación
adaptada)
En
riesgos biológicos no se puede "eliminar" al paciente ni
"sustituir" la bacteria por un virus inofensivo. Por ende, estos
conceptos se enfocan en eliminar la exposición o el riesgo en tareas
específicas:
Prevención
extralaboral: lo que ocurre fuera de la empresa
El
control de la tuberculosis no se agota en la puerta de la empresa. El
trabajador convive, viaja en transporte público y regresa cada noche a un hogar
donde puede haber más personas en riesgo. Por eso, el acompañamiento desde
medicina laboral debería incluir:
Una mirada en mis cuarenta años de ejercicio
FUENTE
POR EDGARDO AGUILAR HERNÁNDEZ MEDICO SGSST 2026
El hemograma tipo IV o cuadro hemático constituye una de las pruebas paraclínicas complementarias más solicitadas dentro de las evaluaciones médicas ocupacionales. Su importancia en literatura científica reciente y normativa vigente en salud ocupacional, es como una herramienta de tamizaje simple, barata, en la vigilancia epidemiológica y detección de hematotoxicidad asociada a agentes de riesgo laboral químicos como el plomo, el benceno y los plaguicidas organofosforados y carbamatos. También los casos de exposición a radiaciones ionizantes por riesgo físico, presentes en personal de salud (radiología), industria nuclear o minería, aviación. Sus indicaciones dentro de las evaluaciones de ingreso, periódicas y de egreso en casos de anemia, trombocitopenia, policitemia, leucocitosis, etc., es crucial, mas no definitiva. Así como sus limitaciones como prueba de tamizaje y recomendaciones para su interpretación (subvalorada) en el contexto ocupacional. En este escrito vamos a referirnos básicamente a dos factores de riesgo ocupacional que afectan el hemograma: el químico y el físico.
INTRODUCCIÓN
La vigilancia de la salud de los trabajadores tiene como objetivo identificar de forma temprana los efectos que las condiciones de trabajo pueden generar sobre el estado de salud de la población laboral, con el fin de prevenir enfermedades laborales y proteger la capacidad funcional del trabajador (Decreto 1072 de 2015, resolución 0312 de 2019, resolución 1843 de 2025). Con este fin ordenamos un hemograma tipo IV.
El hemograma tipo IV es un examen de laboratorio que cuantifica y caracteriza los
elementos formes de la sangre: la serie roja (recuento de eritrocitos,
hemoglobina, hematocrito y los índices eritrocitarios VCM, HCM y CHCM, además
del ancho de distribución eritrocitaria o RDW), la serie blanca (recuento total
de leucocitos y su fórmula diferencial: neutrófilos, linfocitos, monocitos,
eosinófilos y basófilos) y la serie plaquetaria (recuento y volumen plaquetario
medio). Su interpretación conjunta permite detectar procesos como anemias,
policitemias, leucocitosis o leucopenias, alteraciones de la fórmula
leucocitaria y trombocitopenias o trombocitosis, muchas de las cuales pueden
originarse por exposición ocupacional a tóxicos hematológicos.
Utilidad del hemograma tipo IV en Salud Ocupacional
Veamos unos casos puntuales:
MO: Médula ósea –
GL: ganglio linfático. |
Limitaciones del hemograma como herramienta de vigilancia
Recomendaciones para la práctica en salud ocupacional
Conclusiones
El hemograma es una herramienta paraclínica accesible, de bajo costo y de
amplia utilidad dentro de la vigilancia de la salud de los trabajadores,
particularmente en poblaciones expuestas a agentes con reconocido potencial
hematotóxico como el plomo, el benceno y los plaguicidas organofosforados, carbamatos
y radiaciones ionizantes agudas o cronicas. La evidencia revisada respalda su
inclusión sistemática en las evaluaciones médicas ocupacionales de ingreso,
periódicas y de egreso, siempre en conjunto con biomarcadores específicos de
exposición y bajo una interpretación clínica que considere la especificidad
limitada de la prueba. Su mayor valor se obtiene cuando se emplea de forma
longitudinal, comparando resultados basales con evaluaciones sucesivas, dentro
de un programa integral de vigilancia epidemiológica ocupacional.
Recordar: El hemograma es una prueba de control básico en programas de
vigilancia médica ocupacional, aunque sus cambios por exposición crónica a
bajas dosis pueden ser tardíos y poco específicos.
Referencias bibliográficas
Lo que la ciencia sabe hoy sobre el hígado graso, contado sin tecnicismos innecesarios.
Y es que se siente bien la
mayoría del tiempo. Ese es justamente el problema.
DE UN NOMBRE INCÓMODO A UN NOMBRE MÁS HONESTO
Durante años, a esta condición
la llamamos "hígado graso no alcohólico", una manera un poco torpe de
decir "tiene grasa en el hígado, pero no es por el trago". El nombre
incomodaba por dos razones: primero, porque definía la enfermedad por lo que no
era, en vez de explicar lo que sí era; y segundo, porque la palabra
"graso" terminó cargando un estigma que muchos pacientes no merecían.
No es un problema exclusivo de quienes tienen sobrepeso visible; también
aparece —y con peor pronóstico, curiosamente— en personas delgadas.
En 2023, un grupo
internacional de sociedades científicas de hepatología decidió corregir el
nombre. Nació entonces la "enfermedad hepática esteatósica asociada a
disfunción metabólica", que en inglés se abrevia MASLD (se pronuncia algo
así como "mázld") y que, para efectos prácticos, uno puede seguir
llamando hígado graso sin pecar de impreciso. Lo importante no es el
trabalenguas técnico, sino lo que hay detrás del cambio: ahora el diagnóstico
no se hace por descarte —"no toma, entonces debe ser esto"— sino por
la presencia positiva de al menos un factor de riesgo metabólico: sobrepeso,
glucosa alta, presión elevada, triglicéridos disparados o colesterol bueno
bajo. Uno solo de esos cinco, sumado a la evidencia de grasa en el hígado por
ecografía, ya confirma el diagnóstico.
Cuando la inflamación se suma
a esa grasa acumulada, la enfermedad avanza a una fase más agresiva llamada
MASH (antes NASH), y ahí es donde empieza a jugarse el verdadero pronóstico del
paciente.
UNA EPIDEMIA QUE NO HACE RUIDO
Las cifras, para quien las
mira con calma, son inquietantes. Entre el 25% y el 38% de la población adulta
del planeta convive hoy con algún grado de hígado graso. Es, sin discusión, la
enfermedad hepática crónica más común del mundo, más frecuente que todas las
hepatitis virales juntas. Y su curva sigue subiendo de la mano de dos viejos
conocidos de nuestra salud pública: la obesidad y la diabetes tipo 2.
Lo que hace especialmente
traicionera a esta enfermedad es su ritmo. No es una tormenta, es una gotera.
El hígado tiene una capacidad de compensación extraordinaria, y puede seguir
funcionando aparentemente normal mientras, célula a célula, va reemplazando
tejido sano por cicatrices —lo que en medicina llamamos fibrosis—. Los exámenes
de sangre de rutina, esos que muestran las transaminasas (AST y ALT), pueden
salir completamente normales incluso cuando ya existe un daño considerable. Es,
quizás, el ejemplo más claro de por qué "sentirse bien" y "estar
bien" no siempre son la misma cosa.
CÓMO SE DESCUBRE LO QUE NO SE SIENTE
Si el cuerpo no avisa, hay que
ir a buscarlo. Y aquí es donde la medicina moderna ha hecho, en los últimos
años, un progreso notable: ya no hace falta someter a todo el mundo a una
biopsia hepática —ese procedimiento invasivo que durante décadas fue el único
método confiable— para saber qué tan comprometido está un hígado.
Hoy existe una estrategia
escalonada, casi como un embudo de clasificación, que cualquier médico general
puede aplicar con datos que probablemente ya tiene en la historia clínica del
paciente. El primer filtro se llama FIB-4, una fórmula que combina la edad con
los valores de AST, ALT y el conteo de plaquetas. No requiere ningún examen
adicional, solo una calculadora. Si el resultado es bajo, la probabilidad de
fibrosis avanzada es mínima y basta con reevaluar cada uno o dos años. Si el
resultado queda en una zona intermedia o alta, el paciente pasa al segundo
filtro: una prueba de imagen llamada elastografía de transición —más conocida
por su nombre comercial, FibroScan—, que en minutos y sin agujas mide qué tan
"dura" está la textura del hígado, una dureza que se correlaciona
directamente con el grado de cicatrización.
Solo cuando estas herramientas
no despejan la duda, o cuando hay que decidir sobre un tratamiento
farmacológico específico, se reserva la biopsia. Es un cambio de filosofía
profundo: de un modelo que buscaba confirmar la enfermedad de la forma más
invasiva posible, a uno que prioriza detectar tempranamente a quienes realmente
están en riesgo, sin someter a procedimientos innecesarios a la inmensa mayoría
que no lo está.
Vale la pena una advertencia,
sin embargo: la evidencia más reciente ha mostrado que el FIB-4 puede
subestimar el riesgo en personas con obesidad marcada. Es decir, un resultado
tranquilizador en el papel no siempre debería cerrar la conversación si la
sospecha clínica sigue ahí.
EL TRATAMIENTO QUE DURANTE AÑOS NO EXISTIÓ
Durante mucho tiempo, cuando
un paciente preguntaba "¿y doctor, qué pastilla me manda para el hígado
graso?", la respuesta honesta era: ninguna, todavía. El único tratamiento
con evidencia sólida era —y sigue siendo— el más antiguo de todos: bajar de
peso, moverse más, comer mejor. Una pérdida de entre el 5% y el 7% del peso
corporal ya mejora la acumulación de grasa; si se logra superar el 10%, en
muchos casos la inflamación del hígado retrocede y hasta la cicatrización
empieza a revertirse. Ningún medicamento, hasta hace poco, podía prometer eso.
Esa historia cambió apenas en
los últimos dos años, y vale la pena contarla porque es poco frecuente ver
nacer un tratamiento nuevo en tiempo real. En marzo de 2024, la FDA
estadounidense aprobó el resmetirom, el primer fármaco diseñado específicamente
para la forma inflamatoria de esta enfermedad en pacientes con fibrosis
moderada. Actúa directamente sobre receptores en el hígado, estimulando el
metabolismo de las grasas donde más se necesita. Un año después, en agosto de
2025, se sumó una segunda aprobación que sorprendió incluso a los
especialistas: la semaglutida —el mismo principio activo que revolucionó el
manejo de la obesidad y la diabetes— demostró en un estudio de fase 3 que el
63% de los pacientes tratados lograba resolver la inflamación hepática sin que
la fibrosis empeorara, casi el doble que con placebo.
Dos aprobaciones en dos años,
después de décadas sin ninguna, no es un dato menor. Es la señal de que una
enfermedad silenciosa por fin está recibiendo la atención científica que su
magnitud siempre mereció.
LO QUE REALMENTE DECIDE EL
PRONÓSTICO
Si hay una sola idea que uno debería llevarse de todo esto, es esta: lo que determina el futuro de un paciente con hígado graso no es cuánta grasa tiene acumulada, sino cuánta cicatriz —cuánta fibrosis— ha dejado esa grasa a su paso. Dos personas pueden tener el mismo grado de esteatosis en la ecografía y pronósticos completamente distintos, según qué tan avanzada esté la fibrosis por debajo de esa grasa visible.
Y hay otro dato que suelo
repetir en las evaluaciones ocupacionales: la principal causa de muerte en
estos pacientes no es, como muchos esperarían, la cirrosis ni el cáncer de
hígado. Es la enfermedad cardiovascular. El hígado graso no es solo un problema
del hígado; es, ante todo, la ventana visible de un desorden metabólico que
también está afectando arterias y corazón. Por eso, cuidar ese hígado
silencioso casi siempre significa, al mismo tiempo, cuidar lo que realmente
puede matar.
La buena noticia, la que
cierra esta historia con algo de esperanza, es que —a diferencia de lo que se
pensaba hace apenas una década— la fibrosis hepática no es necesariamente un
camino de un solo sentido. Con constancia en los hábitos, y ahora también con
herramientas farmacológicas específicas, ese hígado que no avisa puede, en
buena medida, aprender a repararse a sí mismo. La condición es que alguien se
tome el trabajo de escucharlo antes de que sea demasiado tarde.
Este relato está basado en la
evidencia científica y las guías clínicas vigentes (EASL–EASD–EASO 2024, AASLD
2023–2025) y tiene fines divulgativos. No reemplaza la valoración médica
individual.
Historia Clínica Ocupacional Limpiar Imprimir / Guardar PDF Historia Clínica Ocupacional Modelo...